Mi mundo espiritual

Me dedico al desarrollo humano y organizacional.  Esto quiere decir que trabajo con gente ya sea desde su individualidad o durante su rol profesional.  

Hacerlo me lleva a pensar en 4 dimensiones que nos conforman de forma integral:  nuestro espíritu, nuestra mente, nuestras emociones y nuestro cuerpo físico. Y precisamente el primer, el cuerpo espiritual es el que más llama mi atención y tiempo. Lo relaciono íntimamente con 2 factores principales:  De donde provengo y de que estoy conformado.  

Sobre el primero concuerdo con ser parte de un gran todo, de algo mucho más grande que lo que mi ser humano (ego incluido) puede percibir.  Desde aquí mi creencia totalmente posibilitante me dice que existe un ser superior creador al cual decido llamarle Dios Padre-Madre y el cual a partir de una esencia creadora llamada AMOR y un principio básico llamado PENSAMIENTO (lo que le llamaríamos comúnmente una idea), crear todo cuanto se le ocurre. Y que en su amor inmensurable y las ganas de recrearse a si mismo en otros, genera a seres de luz mismos que se conforman de su misma esencia pero que dependiendo de su trabajo y decisiones, van digamos avanzando, aprendiendo y creando distintas realidades. Unos de esos tantos seres, somos nosotros los seres humanos, quienes por decisión propia bajamos a la tierra para que, basado en sus condiciones y reglas, vivamos y recreemos ese amor volviéndolo acción. (materializar cualquier cosa). 

El segundo factor involucra recordar, reconocer y aceptar mi ser. Es decir, aquel que se va conformando de acuerdo a mis acciones vida tras vida y que van acumulando experiencias y aprendizajes en mi alma (cuerpo etérico) de acuerdo a mis decisiones (libre albedrío).  

Hablar del cuerpo espiritual se vuelve para algunos complejo ya que es un plano sutil, incomprensible e intangible. Menudo problema ¿no? La forma en que en lo personal lo he desmenuzado es considerando los siguientes principios: 

  • Primero que nada, la espiritualidad es algo que decido ver de forma cotidiana. A través de mis hábitos, mis creencias y la forma en que acepto y me respeto con lo que soy y mis misiones y metas en esta tierra 
  • Lo vuelvo simple al incorporar acciones espirituales (o con significado) a actividades recurrentes o repetitivas en mi vida diaria (despertar, bañarme, mi aseo personal, tiempo para trasladarme, etc) Por ejemplo. Al bañarme, (actividad automática y que no necesita mayor concentración de mi parte) decido realizar un ejercicio de gratitud el cual al hacerlo en una actividad diaria, se vuelve un hábito relacionado. 
  • Decido reflexionar y auto-observarme al vivir cualquiera experiencia. Lo que verdaderamente importa al pasar cualquier reto con la gente, lugares o situaciones a mi alrededor, es la forma en que reacciono ante ellos, no el hecho o persona en sí. Esto no es fácil de ver y mucho menos aceptar si mis decisiones han sido tomadas desde el ego la mayoría de mi vida 
  • Decido cuestionar toda creencia conforme las cosas van sucediendo en mi vida. Ya dedicaré un blog solamente a hablar de ellas, pero particularmente, tiene que ver con entender que la mayoría de nuestros paradigmas básicos, fueron aprendidos si no es que incluso algunos impuestos por terceras personas y al tomar un nivel de INCUESTIONABLES en nuestra forma automática de actuar, me vuelvo un ejecutor de lo que los demás quieren de mí antes de ver lo que realmente quiero y decidí aprender 
  • Involucra aquello que considero SAGRADO. Es decir, aquellos conceptos, preceptos, personas y símbolos que considero por demás importantes y trascendentes para mi vida. Puedo darle carácter de sagrado a mi familia, amigos, trabajo, persona, etc 
  • Mi relación con el universo, es decir todo aquello que me rodea y que desde mi “condición humana separada” (ego), veo como externo a mi (ilusión del ser). Conforme tomas mayor consciencia de quien eres y aquello que verdaderamente tiene valor para ti, te das cuenta y te cae el 20 de lo que “todos somos uno” significa 
  • Mi percepción y forma de actuar el amor. Amar es la base que da sustento a cualquier creación. Es el ADN que conforma cualquier posibilidad de existencia. A partir de el somos y aceptarlo implica dar y recibir en armonía, sin condiciones, sin juicios.  

En fin, son tantas las formas “simples” de vivir mi espiritualidad que hoy día no entiendo como es que pude vivir sin darle importancia anteriormente. 

“El desarrollo humano y organizacional es mi quehacer desde 2012 hasta la fecha.”

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