La confianza, principio de valor

La confianza es un atributo emocional que define al individuo frente a sí mismo y la gente que le rodea. Podemos definirla como la esperanza de que actuaremos a futuro de una manera determinada, con seguridad, valores y congruencia. 

Esta nos ayuda a desenvolvernos armónicamente al concedernos un valor, propósitos y cualidades autoreconocidos al mismo tiempo que nos identificamos con la capacidad de tener relaciones significativas bien fundamentadas. La confianza da seguridad, certidumbre y facilita la colaboración personal, social y empresarial.   

Al buscar la integración de  nuestro equipo de trabajo, la confianza es uno de los primeros elementos por trabajar. Esta es un indicador elemental que muestra la cercanía, cohesión, disposición a compartir, escuchar y expresarse de sus participantes. Es importante trabajar primero en la confianza personal, después integrar la confianza grupal (o en las relaciones), posteriormente la confianza organizacional, la confianza del mercado y por último la confianza inteligente. 

Hablar de confianza personal, implica reflexionar que tan fácil o difícil me es abrirme con los demás. Tiene que ver con mi autopercepción y se basa principalmente en creencias y experiencias previas. Muestra mi congruencia entre pensamiento, palabras y acciones. Podemos medirla en base a los siguientes focos: Integridad, Intenciones, Capacidades y Resultados. Estos conceptos por un lado miden nuestra honestidad y disposición para hacer que algo suceda, y por otro cuestionan si contamos y explotamos las herramientas necesarias para cumplir un objetivo. 

El siguiente paso es tomar conciencia de que mis conductas, afectan o favorecen las relaciones personales de mi equipo. Desde esta posición, mis actitudes pueden fortalecer o hacer perder la confianza del equipo. Algunas conductas que la fortalecen son: Escuchar primero, hablar claro, mostrar respeto, ser transparente, corregir errores y presentar resultados. 

La Confianza Organizacional, permite alinear valores y objetivos de los individuos y la empresa. Esta se considera sana cuando los colaboradores aportan proactivamente por el crecimiento de la institución, si son innovadores, participativos y los índices de planeación y ejecución de tareas son los esperados. Podemos asumir que vamos por buen camino, cuando derivado de las conductas de la empresa, identificamos empleados con un aumentado sentido de pertenencia. 

Hablar de Confianza del Mercado, tiene que ver con la reputación de la empresa frente a sus clientes. Se mide considerando la relación percibida entre calidad, rapidez y coste. Conceptos que pueden afectar o beneficiarle, son su responsabilidad social, solidez económica así como sus inversiones a largo plazo.   

Por último la Confianza Inteligente es el termómetro de los 4 tipos de confianza. Va del hecho de no confiar nada al extremo de confiar demasiado. El punto óptimo es controlar los riesgos con sensatez y ampliar la confianza al grado de maximizar los beneficios.   

Las preguntas que te sugiero plantearte son: ¿Soy una persona confiable? ¿Mis actitudes generan confianza en los integrantes de mi equipo? ¿Genero relaciones laborales en base a la confianza o al poder? Fomentar la predisposición a la confianza, es creer que las personas somos dignos de ella. Mi observación es que las empresas que basan sus relaciones laborales en la confianza, generan equilibrio con sus empleados, quienes al sentirse confiados y confiables, aumentan significativamente su productividad.  

“El desarrollo humano y organizacional es mi quehacer desde 2012 hasta la fecha.”

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