Concretando nuestros sueños

Muchos transitamos gran parte de nuestra vida sin saber verdaderamente que nos motiva o apasiona.  La niñez y adolescencia la vivimos aprendiendo lo que nos dicen es correcto y bien visto y rechazando lo que la sociedad considera inadmisible.   Aprendemos de memoria y sin cuestionar o comprender las tablas de multiplicar, las reglas gramaticales, la tabla periódica y un sin número de datos históricos y geográficos que en muchas ocasiones no son en lo absoluto necesarios para nuestra vida.  Llegamos a la preparatoria y universidad y vivimos la encrucijada de decidir a que dedicar nuestra vida profesional.   ¿Cuántas carreras frustradas se quedan en el tintero por parecerles a nuestros mayores irrelevantes o predestinadas a matarnos de hambre?, ¿Cuántos títulos universitarios sin ejercer colgamos en la pared por no contradecir a los padres, porque nos dicen son carreras con buen futuro económico aunque no tengan nada que ver con nuestras habilidades, aspiraciones y pasiones?   Dicen que nada sucede en vano, que de toda experiencia aprendemos, sin embargo ¿no valdría la pena inducir a nuestros hijos a cuestionarse desde temprana edad cuáles son sus sueños?, ¿ayudarles a que exploren aquellas actividades o habilidades que les llaman la atención?, ¿escucharles y apoyarles a descubrir vivencias, opciones de estudio, actividades o cursos que les ayuden a desarrollarse en aquello que les interesa no importando cuan fumados o novedoso nos suene? Imagina cuanto tiempo pasó en tu vida antes de que descubrieras y aceptaras tu sueño, tu propósito de vida.  ¿No te hubiera gustado aprovechar más tiempo para dedicarte y fortalecerte en esa área?   Esta reflexión aplica para aquellos que no han descubierto aquello que realmente les mueve (que creo por la estructura social actual son mayoría), sin embargo lo que escribo a continuación, va enfocado a quienes ya conocen y aceptan sus sueños. Si bien descubrir nuestros sueños e identificar que verdaderamente son nuestros y no los de alguien más es un gran paso, pero apenas el arranque del siguiente nivel: concretarlos, darles vida.    

John C. Maxwell en su libro ¡Vive tu Sueño!, plantea 10 preguntas que nos ayudan a verlo y obtenerlo. Si estás en el proceso de descubrirlo y llevarlo a cabo, te recomiendo leerlo.  Aquí cita una frase de Mike Hyatt, escritor y coach de liderazgo intencional: “Si tu visión es clara, eventualmente tendrás una estrategia adecuada.  Si no tienes una visión clara, no habrá estrategia que te salve”. Esta frase me reafirma que, al hablar de concretar tus sueños, es primordial el Que. Al saber y aceptar nuestro sueño, el Cómo llega por añadidura (claro trabajando para tenerlo). Considerando que alguien tiene claro su sueño y aquello que le apasiona, propongo la siguiente fórmula para concretar lo que está buscando: Confiar, Creer, Decretar, Actuar. 

Confiar. 

Si tu sueño ya es claro, identificas que verdaderamente es tuyo y estás dispuesto a apostarle a llevarlo a cabo, lo primero por hacer es confiar plenamente en que el camino a seguir para conseguirlo es lo suficientemente firme para que lo transites, ¡Aún y que te toque abrir sendero por ser algo totalmente nuevo!   El principio de la confianza es la autoestima y sus cuatro pilares (de la confianza) la Integridad, las Intenciones, las Capacidades y los Resultados. Resuelve e integra estos elementos en tus decisiones y seguramente encontrarás aquello necesario para confiar abiertamente en tu sueño y en tu capacidad para llevarlo a cabo.   Todo nace en uno mismo. Aún y que seas una persona que te cuesta trabajo valorarte por lo que eres y puedes lograr, al hablar de tus sueños, el primero en darles valor eres tú.   Piénsalo de esta forma. Si cada sueño es personal, está íntimamente ligado a quien lo posee. Por tanto, podemos declararlos como indivisibles.  Es por eso que confiar que dicho sueño y nosotros somos uno mismo es lo primero que sugiero para concretarlos y si así lo somos, no importa que tan descabellado, complejo, arriesgado, fuera de tiempo, diferente o fuera de lo común pueda sonarte. Lo que necesitamos es confiar a ojos cerrados que todo saldrá bien y llegará a buen término.  Por último, Necesitas estar consiente que a algunos no les sonará factibles ni aterrizados tus planes, que otros los verán arriesgados y sin forma.  Pero al final, inclusive de estos comentarios, el sueño es tuyo y de nadie más. 

Creer. 

¿Recuerdas la historia del elefante de circo que desde chico lo amarraron a una estaca clavada en el la tierra y que después de luchar y luchar por zafarse y no conseguirlo se convence que no puede hacerlo y una vez adulto deja de soñar en liberarse? Así es que funcionan nuestras creencias. Están conformadas por señales, aprendizajes, reglas recibidas a lo largo de nuestra vida y que sin lugar a duda, dominan nuestro código de acción. A partir de ellas, definimos desde el interior lo que debemos hacer y aquello que no.  Te pregunto, al planear y decidir sobre llevar a cabo tú sueño, ¿Te basas en pensamientos limitantes que te hacen juzgarte, pensar que no puedes realizarlo o verlo como inalcanzable? O utilizas pensamientos posibilitantes que te enfocan y animan a lograrlo por lejano, difícil o complicado que este parezca.  Como bien predican mis estimados Santiago, Tisa y Daniel Pando, “Creer es Crear”.  Visualizo creer como un acto de fe.  Cuando basas una creencia en la Fe que mueve montañas, no dudas que aunque requieran un esfuerzo titánico, los objetivos pueden lograrse. Si bien muchas veces las cosas no avanzan y suceden como lo imaginaste o en el tiempo esperado, las consideras perfectamente factibles, y tan solo te dedicas a conseguir y crear aquello que sueñas.  

Decretar. 

Una vez que confías y crees fielmente que puedes materializar una idea o pensamiento, lo siguiente es decretar los detalles, tiempo y forma en que los pasos irán sucediendo, ayudando a que el sueño se vuelva realidad.  Muchos minimizan la fuerza de la palabra y la decisión como concretadoras de sus pensamientos.  Estas (la fuerza de la palabra y la decisión) apoyadas por la confianza y la fe, te ayudan a dominar tu voluntad, volviéndose poderosas ”herramientas de cierre” de tu sueño.  

Actuar. 

El último escalón aportado certeramente por Sandy mi esposa al contarle sobre este proceso, es Actuar.  Una vez que hacemos propio un sueño y aceptamos las consecuencias y precios que cuestan llevarlo a cabo, no hay más que poner manos a la obra.  Al final, todo sueño se queda a nivel de buena intención si no lo llevamos a la práctica. ¿Cuántas personas conocemos que se quedarán con un montón de buenas ideas por no entrar en acción al cumplir sus sueños?  Durante años dudé de mi misión de vida.  Respetaba a quienes veía correr y arriesgarse por obtener sus metas y me preocupaba no saber que era aquello que verdaderamente me apasionaba.  Recuerdo un sueño que tuve varias veces donde un mecenas me decía confiar plenamente en mí y estar dispuesto a invertir lo que fuera necesario para llevar a cabo mi sueño. Incluso en algunas ocasiones, desperté angustiado por no saber qué contestarle y sentir que perdía la oportunidad de mi vida.  No fue hasta que tomé ciertas decisiones en mi vida y llevé a la acción mi sueño, que empezaron a aparecer caminos, herramientas y respuestas que le han ido dando forma a mi propósito de vida.  

Concretar nuestros sueños depende principalmente de nosotros mismos.  De la congruencia y disposición que ponemos a cumplirlos. Si bien es importante permitirnos verlos e incubarlos, es igual de trascendente llevarlos a la práctica para no quedarnos con ellos a nivel un pensamiento o idea genial.  Suerte con el proceso, algunas veces no es fácil, pero definitivamente es apasionante y enriquecedor. 

“El desarrollo humano y organizacional es mi quehacer desde 2012 hasta la fecha.”

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